«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios […]»
— 1Juan 3:1
Si no es la más especial es una de las más especiales. Si no es la que más cercanía expresa hacia alguien es una de las que más. Si no es la que más anuncia quienes somos, nuestro origen y propósito es una de ellas. Así que, sin más preámbulo les hablo de la palabra «hijo». Es especial, es cercana, es reveladora de nuestro ser en la vida.
Todo mundo desea ser hijo de alguien que represente grandeza y prestigio, pero nadie desea ser hijo de un arruinado y hombre de mala reputación. Todos pensamos en lo dichoso que quizá pueden ser los hijos de un millonario como Bill Gates, Donald Trump, Messi, etc., Y hasta muchos, ya adultos, anhelaría ser adoptados por tales personas con la fascinante idea de que con padres así su futuro económico estaría resuelto. Más sin embargo, ¿Quién desea ser hijo de aquel que fue sorprendido por la policía robando en las calles? Usted seguro pensará… ¡Qué futuro tan triste tendrán los hijos de ese hombre!
Bien, en sentido espiritual está palabra no pierde la forma de los ejemplos ya presentados, y aún es más profunda, pues, espiritualmente todo hombre es hijo de alguien. Y aquel que anhelemos que sea nuestro padre espiritual lo sabremos por las claras, específicas e inevitables señales que a continuación veremos, y que nos ayudarán a darnos cuenta de quien somos hijos y quien es nuestro padre.
¡ÚNICAMENTE HAY DOS PADRES ESPIRITUALES!
Todo hombre es hijo de uno de los dos únicos padres espirituales que existen. Asi que, a continuación miramos hacia el gran libro de Dios que conoce todas las cosas de la vida del hombre para que tengamos la plena certeza de quién somos hijos:
Dijo el Señor Jesús a algunos judíos de su época:
«Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.»
— Juan 8:44
Las palabras de Jesús revelan al diablo como uno de los dos padres espirituales posibles de los cuales podemos ser hijo. Y en su acusación a estos hombres de ser hijos del diablo, Jesús nos enseña una razón fundamental por lo cuál aquellos judíos se encontraban en esa condición y estado espiritual:
Los deseos de vuestro padre (el diablo) queréis hacer …
Según Jesús ¿Qué hace de alguien ser hijo del diablo? Lo explica el Señor: desear lo mismo que él desea, que en resumen es hacer lo contrario a voluntad de Dios como se describe en el pasaje antes citado en acciones del diablo como que es un homicida, no permanece en la verdad ni está en él, habla mentira, es mentiroso y originador de mentira. Es decir, el diablo es pionero del pecado y la maldad de este mundo. Cuando un hombre es homicida u odia a su hermano (1Jua 3:15) está imitando al diablo; cuando un hombre no sigue la verdad de Jesús (Jua 8:32-34) está imitando al diablo; cuando un hombre habla mentira entre tantas cosas malas (Apo 21:8) está imitando al diablo.
«El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. […]»
— 1 Juan 3:8
¿Quién no ha pecado? La Biblia dice que «TODOS» (Rom 3:23), y nuestra conciencia lo sabe, y también Dios que sabe todas las cosas (1Jua 3:20). Por tanto, ¿Quién no ha sido hijo del diablo?
¡Juzgue usted mismo!
¿Se negara usted estimado lector? ¿Dirá usted que no ha practicado el pecado, que no ha mentido, que ha seguido fielmente la verdad de Jesús?
De la manera que en este mundo el destino de los hijos de un delincuente puede ser el mas desgraciado de todos, ¿Cómo será el destino eterno de los hijos del diablo? (Mat 25:41)
Pero recuerde: Dios, el padre de toda bendición, quiere enseñarnos a cómo dejar de ser hijos del diablo para convertirnos en sus hijos amados y así asegurarnos su herencia eterna en los cielos …
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