«Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!»
— Marcos 10:48

El poder de la intimidación para no buscar a Dios de todo corazón no es nada nuevo, sino que ha existido desde tiempos remotos. Por esta razón, sé que son muchas las personas que han sufrido este mal, y mi esperanza en Dios es que este estudio le sea de gran ayuda para comenzar a superar este gran problema (la intimidación) para hacer la voluntad de Cristo, nuestro Señor y Salvador.
Hablaremos del ciego Bartimeo. En este hombre podemos de inmediato identificar una vida de sufrimiento, pues, no veía, ya que, una parte importante de sus miembros estaba afectada, por lo cual, Bartimeo no gozaba de la «normalidad» en su sociedad. Pero, lo claro es que este ciego sabía muy bien qué problema tenía. Asimismo, es necesario que toda persona que quiera buscar a Dios, comprenda muy bien este importante punto.
Hay un problema común que nos ha afectado a todos de diversas maneras. Este es llamado por la palabra de Dios como «el pecado» (Rom 3:23), y su consecuencia principal es que nos separa de nuestro Creador (6:23) y ciega nuestra vista espiritual (cfr. Mat 15:14). Así pues, todos los que quieran buscar a Dios es necesario que empiecen por allí, sabiendo y reconociendo que hay un problema terrible en sus vidas y que son ciegos a la voluntad del Señor.
Pero, es interesante cómo Bartimeo trataba de alguna forma subsistir con su problema, dice la palabra que él «estaba sentado junto al camino mendigando« (v.46b). Y, aunque esta práctica no le solucionaba su problema, la Escritura destaca de él que estaba «junto al camino», es decir, fuera de casa. Este hombre estaba buscando, no estaba quieto ni inmóvil. Asimismo conviene a cada persona que ha identificado el problema que arrastra su vida, esto es, el pecado, que no se conforme con su mal, que salga a buscar si acaso logra encontrar la solución.
El problema con muchos que saben claramente que están mal delante de Dios es que lo quieren todo allí servido, ¡masticadito!, que las cosas le caigan del cielo sin que a ellos les cueste mover un dedo ni hacer ningún esfuerzo. Bueno, de Bartimeo aprendemos en este punto una gran lección. Como lo dijo el Señor Jesús:
«Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»
— Lucas 11:9-10
Me sorprende mucho meditar en esta verdad al ver lo ocurrido en la vida de Bartimeo, de su buena actitud en buscar y no quedarse inactivamente quieto. Porque ¿quién iba a pensar que en una de esas salidas el ciego Bartimeo se encontraría con el milagro de su vida? ¡Así es! junto al camino donde él estaba pasaría el Autor de la vida, Jesucristo, el Hijo del Dios viviente. «Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!» (Marcos 10:47).
¡I m p r e s i o n a n t e! por aquí comenzaba el tercer paso hacia el milagro del ciego Bartimeo. ¿Lo pudo ver usted? Bartimeo era ciego PERO NO SORDO. Este hombre había oído de Jesús. Los milagros y enseñanzas de Cristo no eran un tema secreto de unos pocos, sino que «su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades.» (Lucas 5:15).
Dice también la Escritura que «la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.» Romanos 10:17 (NVI). Así que, oír de Jesús fue lo que precisamente motivó a Bartimeo con todas sus fuerzas y con todas sus limitaciones a BUSCARLE de todo corazón, clamando a Dios que tuviera compasión de él.
Pero no así pasa con muchas personas ciegas espiritualmente por su pecado. Quieren que Dios les ayude pero no quieren saber nada de su palabra, nada de su mensaje, nada de Cristo, nada de su evangelio. Pretenden que Dios misteriosamente y lejos de conocer su palabra les motive a buscarle de todo corazón. Aquellos que piensan y actúan así, seguirán esperando sentados, y sin fortuna alguna… EL DÍA DEL JUICIO FINAL.
Ahora bien, Bartimeo aún no tenía nada resuelto, sino que se enfrentaba al momento más crucial en la búsqueda de su gran milagro, pues, le era necesario pasar la gran oposición de la intimidación del mundo; que es aquella situación que no falla ni tarda en venir, pero que a la vez, el ciego Bartimeo, estaba llamado a superar.
«Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!»
— Marcos 10:48
Muchos eran los que le regañaban, le gritaban que se callara, y querían apagar su agónica voz, su profundo clamor, su desesperada búsqueda de Dios. Pero entre más fuerte era la oposición, mayor era la convicción del ciego Bartimeo acerca del poder de Jesús para cambiar su vida. Y tanta era la fe de este hombre que, «él gritaba aún más fuerte: —¡Hijo de David, ten misericordia de mí!» (RVA2015).
Bartimeo, pues, logró superar la muralla que muchos a través de la historia no han podido cruzar. ¿Por qué? por falta de fe, ya que, «es la fe la seguridad que se tiene de cosas esperadas, la prueba que hay de cosas que aun no se ven.» (Hebreos 11:1, VM2). Y, ya pudimos ver en Romanos 10:17 que para tener fe necesitamos oír el mensaje de Dios. Con esa brutal confianza, ¡Nadie ni nada le iba poder derrumbar la fe de Bartimeo; ni nadie ni nada podrá hoy derrumbar la fe de aquellos que han creído el verdadero evangelio del Señor Jesucristo para buscar y hacer la voluntad de Dios con todo su corazón!
Bartimeo, pues, es un vivo ejemplo de una fe inquebrantable que vence cualquier intento de intimidación por parte de otros para que no busquemos a Dios.
«Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.»
— 1Juan 5:4
Sí, inevitablemente vendrán la intimidación, la oposición y el menosprecio por parte de muchos, pero nada será más fuerte que la confianza en el poder del Señor, de aquellos que han invertido el tiempo en entender su santa voluntad por medio de su palabra.
«49Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.»
— Marcos 10:49-51
Varios detalles son dignos de notar en esta parte de la historia, pues vemos que finalmente, tras la insistencia de Bartimeo, Dios atendió su llamado, lo llamó y nuevamente el ciego con mucha ansia manifestó que había creído verdaderamente en el poder de Dios para la solución de su problema. Luego, arrojando su capa, se desprendió de toda cosa que le impidiera su movilidad con fe hacia Jesús. Asimismo es necesario despojarnos de toda cosa (carga pesada) que retrase nuestra búsqueda de Dios.
Ahora bien, Bartimeo se enfrentaba a un detalle más en su proceso. Jesús conocía bien cuál era su problema, de la misma manera que Dios conoce exactamente el problema del pecado en la vida de cada persona que lo padece. Sin embargo, Jesús quería ir más allá. Era necesario también que Bartimeo fuera específico con su petición a Dios. De momento solo se había escuchado al ciego suplicar la misericordia de Dios pero no para qué. ¿Qué quería específicamente Bartimeo de Dios? Es allí cuando a través de la confrontación que Jesús le hace, que Bartimeo, humildemente, confiesa y reconoce su problema a través de pedirle a Dios «que recobre la vista» (v.51).
Es normal también ver muchos querer ignorar el problema que los tiene ciegos espiritualmente en la vida. Solo quieren tratar el asunto de una manera superficial y no profunda, y rehusan ser confrontado por Dios a través de su palabra. Pero, para ser sanos del problema del pecado es necesario que humildemente reconozcamos que estamos en banca rota espiritual, que hemos pecado delante de Dios, que estamos enfermos y espiritualmente ciegos, y que esto es lo que necesitamos: QUE DIOS PERDONE NUESTROS PECADOS, estando dispuestos a hacer TODO lo que Él nos pida EN SU PALABRA para solucionar este gran problema.
Finalmente, el milagro de Bartimeo se dió. ««Vete, tu fe te ha sanado», le dijo Jesús. Al instante el ciego recobró la vista, y lo seguía por el camino.» (Marcos 10:52, NBLA)
¿Cuando sucedió el milagro? Sí, al instante. Asimismo, es importante que creamos que de la misma manera ocurre el perdón de nuestros pecados cuando buscamos a Dios con fe basada en su palabra: AL INSTANTE. No mañana ni pasado. Además de esto, la vida de Bartimeo como nuevo discípulo de Cristo, cambió poderosamente para siempre, pues, «lo seguía por el camino» a Jesús. Porque la fe vence la intimidación y cualquier obstáculo que pretenda alejarnos de nuestro Creador, ayudándonos a seguir las pisadas de Aquel que nos vino a enseñar el camino al Padre (Cfr. Jua 14:6).
Le invito, pues, en nombre de Cristo a seguir el ejemplo del ciego Bartimeo. Si ha reconocido el mayor problema de su vida, que es el pecado, Dios tiene un plan para ofrecerle el perdón de sus pecado, y así brindarle una nueva vida de luz como un nuevo discípulo de nuestro Señor Jesucristo.
«Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar.»
— Mateo 11:28 (NBLA)
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Amén siervo🙏💪
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Excelente mensaje hermano, Dios continúe bendiciendo el esfuerzo que cada día tienes para el servicio de nuestro Salvador.
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