«Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.» 

— Hechos 17:30

El arrepentimiento es necesario para la salvación eterna de toda alma que ha pecado delante de Dios (Rom 3:23). Por tanto, Dios ha establecido «un día», en el cual juzgará a cada persona de este mundo con justicia, a través de Jesucristo, quien fue declarado Hijo de Dios con poder por haber resucitado de entre los muertos (Hch 17:31Rom 1:4).

Esta inevitable verdad se nos es revelada a través del evangelio de Cristo (1Cor 15:1420). Así, pues, no tenemos excusa alguna que nos pueda justificar en aquel día del juicio final, si NO nos arrepentimos de nuestros pecados. Tengamos muy en cuenta que, el Señor Jesucristo ya ha muerto en la cruz; pero sin pecado (Heb 4:15), y por nuestros pecados (1Jua 4:10). Por tanto, todo hombre ha sido llamado por Dios a abandonar su pecado para llegar a ser salvo.

Nuestra culpabilidad por haber violado la ley de Dios (Cfr. 1Jua 3:4), ha sido ya probada por la muerte de Jesús, siendo hallados responsables de su crucifixión. Como dijo el apóstol Pablo: «… que Cristo murió POR nosotros…» (1Cor 15:3). Es decir, las Sagradas Escrituras nos declaran que la razón principal por la cual Cristo derramó su sangre preciosa en la cruz radica en nuestros pecados (Rom 5:8). «Porque la paga del pecado es muerte…» (6:23a). De esa manera, al Cristo morir sin pecado, venció la muerte por su resurrección al tercer día, confirmando a toda la humanidad su gloriosa autoridad para ser nuestro único Señor y Salvador (Fil 2:9-11). Por tanto, si hemos creído su evangelio, nos corresponde avanzar a través del arrepentimiento, en este maravilloso camino hacia la gloria eterna con Dios en el cielo (Rom 2:7).

No nos engañemos, pensando al oír la palabra arrepentimiento que se trata solamente de un simple estado mental que siente vergüenza o tristeza por sus malos hechos ante Dios; sino que además de esto, entendamos que se trata de un cambio de mente, y por ende, un cambio de voluntad, con el propósito de HACER lo que a Dios le agrada, por haber llegado a comprender que nuestros pecados ofendieron a nuestro Creador y nos separaron de su santa presencia (Sal 51:4,11; cfr. Jua 9:31)

«Pero, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero, le dijo: “Hijo, ve, trabaja hoy en la viña”. Y él respondió: “No quiero”; pero después, arrepentidofue.» 

— Mateo 21:28-29 (NBLA)

El texto anterior nos ilustra claramente en qué consiste el verdadero arrepentimiento. Esto es, en una renovación de nuestra mente para actuar conforme a «la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta». (Rom 12:2). Como el mismo apóstol Pablo lo expresó: «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno…» (Efe 4:28).

«Lávense, límpiense, Quiten la maldad de sus obras de delante de Mis ojos. Cesen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien, Busquen la justicia, Reprendan al opresor, Defiendan al huérfano, Aboguen por la viuda. Vengan ahoray razonemosDice el SEÑOR, Aunque sus pecados sean como la grana, Como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, Como blanca lana quedarán.»  

— Isaías 1:16-18 (NBLA)

No hay ningún pecado que no nos pueda perdonar Dios en esta vida, si nos hemos arrepentido. Así pues, el arrepentimiento es un cambio de vida visible, delante de Dios y de los hombres (cfr. Mat 3:8). Por tal razón, es necesario que conozcamos todas las cosas que a Dios no le agradan, para así evitarlas a toda costa; porque lo mejor, lo bueno y lo más grande, proviene de Él, y lo aprendemos de Él.

«Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.» 

— Gálatas 5:19-21 (NBLH)

¿Quien de nosotros no ha caído alguna vez en uno de estos pecados? Pero, solo un Dios de amor y rico en misericordia es capaz de darnos tan grande oportunidad para arrepentirnos de nuestros pecados en esta vida, en este tiempo y en este mundo (2Ped 3:9).

A todo esto le aprendemos que el arrepentimiento es necesario para la salvación eterna del alma (Hch 11:18), que un corazón no arrepentido solo esta atesorando «ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios» (Rom 2:5). Como dijo el Señor Jesús: «si ustedes no se arrepienten, todos perecerán igualmente» (Luc 13:5, NBLA). ¿Por qué? porque Dios es Santo (apartado del mal) y se requiere de la misma santidad en quienes invocan su santo nombre (1Ped 1:16,17). Como dice la Escritura: «Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.» Hebreos 12:14.

«Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad.» 

— 1 Juan 1:5-6

Si le ha bendecido este post, déjenos por favor sus comentarios.

También puede visitarnos en nuestro Canal de Youtube: https://www.youtube.com/luispalaciosblog

Encuéntranos en Facebook como:
https://www.facebook.com/luispalaciosblog

Publicado por Luis Palacios

"En lo que requiere diligencia, no perezoso; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Ro 12:11)

Deja un comentario